El informePolítica

¿Nueva campaña de desprestigio contra nosotros?

Sobre la concepción de la libertad y la democracia de los órganos del Estado, de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, los periodistas y los políticos.

¿Qué caracteriza a una democracia y a un Estado de Derecho según la Ley Básica de la República Federal de Alemania? En lugar de «echar la vista hacia la derecha», sería más útil echarla a la Ley Básica:

Artículo 3

  1. Todos los seres humanos son iguales ante la ley.
  2. Los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos. El Estado promoverá la aplicación real de dicha igualdad de derechos y trabajará para eliminar las desventajas existentes.
  3. No se discriminará ni se dará preferencia a nadie por motivos de sexo, origen, raza, lengua, nacionalidad, credo, creencias religiosas o convicciones políticas. Asimismo, nadie puede estar en situación de desventaja por su discapacidad.

Según parece, los políticos y la Oficina para la Protección de la Constitución, entre otros, están molestos porque la Bund für Gotterkenntnis (L.) ha arrendado uno de sus locales a la asociación Junge Nationale, cuyo único delito es, aparentemente, sus opiniones políticas. De haber cometido algún tipo de infracción penal o civil, sin duda alguna se habría mencionado en los medios.

La Bund für Gotterkenntnis no es un órgano ejecutivo de la República Federal de Alemania ni un organismo de control de las opiniones de sus arrendatarios. Respetamos la Ley Básica y no vemos razón alguna para no ceder nuestras instalaciones a alguien que se comporta correctamente y con decoro en nuestro hogar y de quien no tenemos que temer que cause destrozos únicamente por rechazar nuestra cosmovisión. A diferencia de las personas e instituciones antes mencionadas, nosotros nos preocupamos realmente por la preservación de los derechos fundamentales y nos tomamos muy en serio el apartado 3º del artículo 3 de la Ley Básica.

En base a nuestras experiencias durante el Tercer Reich, sabemos que a menudo sucede con demasiada facilidad que tanto los medios de comunicación como los servicios de inteligencia nacionales abandonan su función de control y se convierten en siervos de los poderosos, incluso cuando resulta más que obvio se están violando los derechos fundamentales. También habría que preguntarse si la Oficina Federal para la Protección de la Constitución no se desentiende de su función, pisoteando cada vez más los derechos amparados por la Ley Básica, para sostener el poder de los gobernantes. En realidad, la OFPC debería velar para que no se pueda dar una nueva toma de posesión dictatorial del partido gobernante, tal como sucedió al final de la República de Weimar.

La Ley Básica no establece en ningún momento que la consciencia étnica o el sentimiento nacional (völkischsein) no queden amparados bajo la protección de las convicciones políticas. Si el gran mal del Tercer Reich hubiera sido la consciencia étnica, no habría sido difícil excluirla explícitamente en la Ley Básica. Sin embargo, esto no sucedió porque el hecho de tener consciencia étnica o nacional no tiene nada que ver con el Tercer Reich. Por el contrario, el Tercer Reich tomó como modelo imperios multiculturales, como el Imperio Romano (el saludo romano sirvió de inspiración para el saludo hitleriano), el Imperio carolingio o el de Alejandro Magno.

Una auténtica consciencia étnica, en la que se considera a cada pueblo como una expresión única e insustituible de lo Divino que subyace a la Creación, no entiende de imperialismos ni de colonialismo. Una auténtica consciencia étnica tampoco conoce el capitalismo desbordante que ha llevado a la explotación de la mayoría por parte de unos pocos. Tampoco tolera la injerencia en la vida de otros pueblos. La auténtica consciencia étnica significa luchar por el desarrollo de la propia forma de vida, manifestada en las costumbres, tradiciones y obras culturales, dentro del territorio nativo propio, en armonía con las leyes de la Creación, sin amenazar la libertad de otros pueblos y naciones.

Resulta realmente asombroso que esta actitud se considere peligrosa en la actualidad.

Si uno se para a pensar el por qué, parece como si solamente hubiera una explicación posible:

Los poderosos quieren justo lo que nosotros no queremos, es decir:

  • un ser humano esclavizado, que trabaja únicamente en beneficio de las (grandes) empresas o de las instituciones estatales, por lo que, en general, no puede ejercer crítica contra los gobernantes.
  • un ser humano que, pese a trabajar con diligencia y laboriosidad, puede ser explotado por las corporaciones (internacionales) por medio de impuestos y otros tributos sin capacidad de resistencia alguna, pues teme quedarse sin trabajo y no tener tiempo para ocuparse de las cuestiones más fundamentales.
  • guerras, que se prestan excelentemente para alcanzar objetivos de poder y lucrarse tanto con la producción y venta de armas (a veces incluso a ambas partes del conflicto) como durante la reconstrucción posterior.
  • un sistema sanitario en el que el beneficio, y no las necesidades sanitarias reales, determina el tratamiento.

Por lo que respecta a los medios de comunicación, sobran las palabras. Su posicionamiento muestra diariamente que no son libres. No son sino los representantes de los intereses de quienes les financian, a menudo entidades internacionales, lo cual sucedía también durante el Tercer Reich. La difusión de la doctrina del Estado, así como la intimidación y persecución de los disidentes, tan solo fue posible gracias a la ayuda y colaboración de los medios de comunicación.

Los artículos publicados en el Hohenloher Tagblatt y en el Hohenloher Zeitung, fechados el 19 y 23 de diciembre de 2020 respectivamente, son excelentes ejemplos ilustrativos de lo que hemos descrito en este artículo.

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